La próxima gran batalla tecnológica podría no librarse en la pantalla de un teléfono, sino unos centímetros por delante de nuestros ojos.
Samsung y Google han presentado una nueva generación de gafas inteligentes diseñadas para llevar Gemini a situaciones cotidianas: caminar por una ciudad, traducir una conversación, consultar una dirección, resumir mensajes o guardar las notas de una reunión sin sacar el móvil del bolsillo.
No se trata de unas gafas de realidad virtual aparatosas ni de un casco pensado para aislar al usuario. La propuesta es mucho más ambiciosa: conseguir que la inteligencia artificial se integre en unas gafas aparentemente normales.
Samsung mostró los nuevos diseños el 22 de julio de 2026 durante su evento Galaxy Unpacked celebrado en Londres. Las monturas han sido desarrolladas junto a Gentle Monster y Warby Parker, dos marcas que aportan algo que históricamente ha faltado en este mercado: diseño y posibilidades reales de uso diario.
Un asistente que puede entender lo que estás viendo
La diferencia entre estas gafas y otros dispositivos conectados no está únicamente en la cámara o en los altavoces integrados. El elemento realmente importante es la capacidad de Gemini para interpretar el contexto.
El usuario podrá hacer una pregunta sobre un edificio que tiene delante, solicitar indicaciones para llegar a un destino, traducir una conversación o pedir que la inteligencia artificial recopile información de una pizarra durante una reunión.
Samsung también plantea situaciones más cotidianas: escuchar el resumen de un mensaje largo, guardar información en una aplicación de notas, compartir en una videollamada lo que se está viendo o continuar una tarea sin tener que explicar de nuevo todo el contexto.
La idea cambia la forma habitual de utilizar un asistente. En lugar de abrir una aplicación, escribir una pregunta y esperar una respuesta, la interacción puede comenzar directamente con lo que el usuario está mirando.
Y ahí se encuentra el verdadero salto tecnológico.

Hasta nueve horas de batería y un estuche con varias recargas
Las primeras gafas utilizarán la plataforma Snapdragon AR1 Gen 1 de Qualcomm e incorporarán cámara, micrófonos, altavoces y controles táctiles.
Según Samsung, podrán alcanzar hasta nueve horas de uso con una sola carga. El estuche permitiría realizar hasta siete recargas completas adicionales, una cifra importante para un dispositivo que aspira a utilizarse durante todo el día.
La compañía también insiste en que las monturas serán ligeras, delgadas y suficientemente resistentes para un uso habitual. Las primeras impresiones publicadas tras el evento coinciden en que los modelos mostrados resultan más ligeros y discretos de lo que cabría esperar en unas gafas cargadas de sensores y componentes electrónicos.
Este punto es más importante de lo que parece. Las Google Glass originales demostraron que una tecnología puede ser innovadora y, al mismo tiempo, fracasar si las personas no se sienten cómodas llevándola puesta.
Samsung parece haber aprendido esa lección.
Dos tipos de gafas: con audio y con pantalla
Google ha explicado que su estrategia contempla dos categorías diferentes.
La primera estará formada por gafas centradas en el audio. El usuario recibirá respuestas y asistencia mediante pequeños altavoces integrados, sin necesidad de proyectar información delante de sus ojos.
La segunda categoría incorporará una pantalla capaz de mostrar datos dentro del campo de visión. Esta versión podría utilizarse para navegación, traducciones, avisos o información contextual superpuesta sobre el entorno.
Las primeras en llegar serán las gafas de audio desarrolladas junto a Samsung, Gentle Monster y Warby Parker. Google asegura que serán compatibles tanto con teléfonos Android como con iPhone.
Esto confirma que, al menos inicialmente, no estamos ante un sustituto completo del smartphone. Las gafas funcionarán como un dispositivo complementario conectado al teléfono, que seguirá aportando parte de la capacidad de procesamiento, la conectividad y el acceso a las aplicaciones.
El móvil no desaparece, pero podría empezar a perder protagonismo
Durante años, las compañías tecnológicas han intentado encontrar el dispositivo que sucederá al smartphone.
Los relojes inteligentes no lo consiguieron. Los asistentes de voz tampoco. Los cascos de realidad mixta continúan siendo demasiado caros y voluminosos para convertirse en un producto de masas.
Las gafas inteligentes tienen una ventaja: ocupan una posición natural desde la que pueden escuchar, observar y responder sin obligar al usuario a mirar constantemente una pantalla.
Eso no significa que el móvil vaya a desaparecer a corto plazo. Pero sí podría comenzar a dejar de ser el centro de todas las interacciones digitales.
Consultar una dirección, responder un mensaje, recordar el nombre de un restaurante o traducir un cartel son acciones breves. Si pueden resolverse desde unas gafas, habrá menos motivos para desbloquear el teléfono decenas de veces al día.
La transformación probablemente no llegará mediante un único dispositivo revolucionario, sino mediante la reducción progresiva de nuestra dependencia de la pantalla.
La privacidad será el verdadero examen
La tecnología puede funcionar y aun así encontrarse con un rechazo social considerable.
Una cámara situada a la altura de los ojos plantea dudas evidentes. Las personas que rodean al usuario necesitan saber cuándo se está grabando, qué información se almacena y cómo se procesan las imágenes.
Samsung ha anunciado controles visibles y medidas de seguridad destinadas a señalar cuándo está activa la cámara. Entre las soluciones explicadas se encuentra un indicador luminoso y un sistema capaz de desactivar la cámara cuando detecta que las gafas no están correctamente colocadas o que el aviso está siendo tapado.
Estas medidas son necesarias, pero posiblemente no serán suficientes por sí solas.
El éxito de las gafas dependerá tanto de la confianza de quienes las usan como de la tranquilidad de quienes se encuentran delante de ellas. Las normas sociales, la regulación y la transparencia del producto serán tan importantes como la autonomía o la calidad de las respuestas de Gemini.
Lo que todavía no sabemos
Samsung y Google han enseñado el diseño y han explicado buena parte de sus funciones, pero todavía quedan cuestiones relevantes sin resolver.
No se ha comunicado de forma general un precio definitivo y algunas de las características dependerán del país, el idioma, las aplicaciones compatibles y la disponibilidad de determinados servicios. El lanzamiento está previsto para otoño de 2026, aunque la distribución podría variar según el mercado.
También habrá que comprobar si la autonomía anunciada se mantiene durante un uso intensivo de la cámara, la navegación, la música y la inteligencia artificial.
Y queda la pregunta más importante: ¿serán suficientemente útiles como para que una persona quiera llevarlas todos los días?
Por qué esta vez podría ser diferente
Las gafas inteligentes no son una idea nueva. Lo que ha cambiado es el ecosistema que las rodea.
Los modelos actuales de inteligencia artificial pueden entender imágenes, mantener conversaciones, reconocer contexto y conectarse con diferentes aplicaciones. Los procesadores consumen menos energía y los componentes pueden integrarse en monturas más pequeñas.
Además, Samsung y Google no están trabajando solas. Qualcomm aporta la plataforma tecnológica, mientras que Gentle Monster y Warby Parker ayudan a convertir el dispositivo en un producto que no parezca diseñado únicamente para entusiastas de la tecnología.
Esa combinación de inteligencia artificial, hardware, sistema operativo y moda puede ser más importante que cualquier especificación individual.
¿Estamos ante el principio del final del smartphone?
Probablemente no. Al menos, todavía no.
Las gafas de Samsung y Google seguirán dependiendo del teléfono y tendrán que demostrar que aportan algo más que una manera distinta de utilizar funciones que ya existen.
Sin embargo, representan una tendencia difícil de ignorar: la inteligencia artificial está abandonando la pantalla y comenzando a integrarse en objetos que llevamos puestos.
El cambio no consiste únicamente en hablar con Gemini desde unas gafas. Consiste en permitir que el asistente vea el mismo entorno que el usuario, comprenda lo que está ocurriendo y pueda intervenir en el momento adecuado.
Si Samsung y Google consiguen que esa experiencia sea útil, discreta y respetuosa con la privacidad, estas gafas podrían convertirse en uno de los primeros dispositivos capaces de reducir realmente el protagonismo del teléfono móvil.
No sería el final del smartphone.
Pero sí podría ser el principio de algo mucho más interesante.