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Cómo la Sala Robayera de Miengo reunió a los grandes artistas del arte contemporáneo español

La Sala Robayera de Miengo atesora cerca de 150 piezas de figuras clave del arte español gracias a la labor de Juan Manuel Puente.

Retrato de Juan Manuel Puente sentado frente a una obra de arte abstracto en la Sala Robayera de Miengo.

De unas antiguas escuelas a sala de arte contemporáneo

El origen de la Sala Robayera de Miengo se remonta a la iniciativa personal del pintor y funcionario Juan Manuel Puente, quien transformó unas antiguas escuelas municipales en un referente singular del arte contemporáneo en Cantabria. Años antes, en su juventud en Mazcuerras, el propio Puente había sufrido las dificultades de desplazamiento para visitar exposiciones en Santander, una barrera geográfica que más tarde quiso derribar invirtiendo los términos: si los vecinos no podían viajar con facilidad al arte, el arte debía viajar a los pueblos.

El punto de partida técnico e institucional de este proyecto surgió durante una gestión rutinaria en el Ayuntamiento de Miengo. Al percatarse de que los bajos del edificio consistorial albergaban un espacio amplio y sin uso, propuso al entonces alcalde, Manuel Fernández Molleda, y al concejal de Cultura, Isidro Soberón, utilizar las dependencias para albergar muestras pictóricas. Aunque existían dudas sobre la acogida vecinal, la inauguración superó todas las expectativas con un lleno absoluto, consolidando el nacimiento de un espacio expositivo que adoptaría posteriormente el nombre de la playa cercana de Robayera.

Se decidió continuar las exposiciones y Puente, que acabó siendo personal laboral del Ayuntamiento, se encargó de gestionarlas. Parecía un objetivo demasiado ambicioso para un municipio absolutamente desconocido en el circuito artístico, pero el promotor consiguió que nombres fundamentales del arte español de la segunda mitad del siglo XX viajaran hasta este rincón cántabro para exponer su trabajo y, en muchos casos, legar una obra al municipio.

El método para atraer a los grandes nombres del arte español

Durante 27 años, la programación cultural del municipio desafió la lógica habitual del mercado del arte. Sin disponer de un presupuesto municipal elevado para adquisiciones y sin el respaldo inicial de grandes fundaciones, la sala logró atraer a creadores fundamentales. Artistas como Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Rafael Canogar, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Jaume Plensa, Alberto García-Alix, Chema Madoz, Antonio López, Martín Chirino, Juan Genovés, Luis Gordillo, Eva Lootz o Juan Uslé aceptaron exponer en este rincón cántabro, un hito que con el tiempo consolidó una trayectoria verdaderamente excepcional.

El éxito de la iniciativa se cimentó en las relaciones personales, la confianza y la complicidad que el propio gestor establecía con los autores. Puente iba a buscar personalmente a los artistas a la estación o al aeropuerto para llevarlos en su coche hasta Miengo. Al finalizar cada muestra, los creadores entendieron el fin que se buscaba: construir una colección pública en un pequeño entorno rural. De este modo, las obras fueron llegando con cada exposición, permitiendo además contemplar cómo la escultura dejaba de ser una figura colocada sobre un pedestal, cómo la instalación ganaba terreno y cómo el espacio arquitectónico pasaba a formar parte indivisible de la propia obra artística.

Una colección municipal que busca el reconocimiento permanente

En la actualidad, la Colección Robayera pertenece al Ayuntamiento de Miengo y abarca cerca de 150 piezas distribuidas entre pinturas, esculturas, grabados, dibujos, fotografías e instalaciones. La dimensión de este fondo resulta mucho más significativa que el número total de piezas, ya que representa una radiografía única del arte español contemporáneo. A pesar de este prestigio, buena parte de este legado ha permanecido almacenada durante largos períodos ante la ausencia de un espacio museístico adecuado, una limitación histórica que el director ya reclamaba a la administración local en 1997, cuando la sala acumulaba 52 exposiciones en solo ocho años de vida.

Ante la falta de un museo permanente inmediato, las obras permanecieron guardadas hasta que se habilitaron parte de las antiguas escuelas rurales de Cudón para trasladar la Sala Robayera. Como este nuevo espacio también se quedaba pequeño para simultanear las muestras temporales, la exhibición de la colección propia y la custodia adecuada del resto, el Ayuntamiento —a través de la concejala de Cultura, Elena Castillo— impulsó recientemente una actuación para duplicar el tamaño de la sala aprovechando el resto de las instalaciones de la escuela.

El regreso de las obras y la nueva etapa de la sala

El verano de 2026 ha abierto una nueva etapa para la sala con ese espacio expositivo ampliado y reformado. Para celebrarlo, se ha llevado a cabo la exposición titulada Memoria compartida: Cuaderno de viaje, un proyecto que ha puesto en diálogo una selección de obras de la Colección Robayera con fondos de la Colección Bragales, impulsada por el coleccionista cántabro Jaime Sordo.

Esta muestra ha reunido nuevamente piezas de algunos de los autores que contribuyeron a construir aquel legado histórico —como Rafael Canogar, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Juan Uslé, Albert Ràfols-Casamada, Victoria Civera, Pilar Cossío, Xavier Grau, Jordi Teixidor o el escultor Eloy Velázquez—, emparejándolas con otras creaciones de los mismos autores que son propiedad de Sordo. Bajo la tutela actual de Laura Cobo, que ha protagonizado la mejora de las condiciones de conservación, la sala continúa proyectando su legado cultural.

Fuentes consultadas

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